15 junio 2006

METALLICA "Master Of Puppets" (1986, Thrash Metal)


Corría noviembre de 1988, y por primera vez en mi vida decidí ratearme junto a unos amigos del club al cual iba. Fuimos a los fichines en la Peatonal Lavalle, y de repente en un local que vendía "accesorios de heavy metal" veo en la vidriera una cinta trucha con la tapa que aprecian más arriba (El cassette era grabado de vinilo, ni CD había en Argentina).

Llegué a casa, puse el tape, play... y mi vida cambió. En el transcurso de esa semana lo escuché unas 40 veces. El thrash metal había entrado en mis gustos musicales.

Luego de un gran álbum y gira teloneando a Ozzy Osbourne, el cuarteto oriundo de San Francisco estaba listo para tomar al mundo del metal por asalto. A la semana de su edición "Master of Puppets" ya había vendido 250.000 copias. Son 8 himnos del thrash.

El tema que da inicio a la placa ("Battery") es una descarga furiosa de riffs, con Hetfield vociferando enojosamente y Lars Ulrich destrozando parches. Lo precede "Master of Puppets" en sus 08:38 pasa de medios tiempos a lentos, de lentos a rápidos, con un puente que contiene guitarras gemelas que rememoran a las de Thin Lizzy.

La letra es excelente, trata sobre la manipulación que ejercen ciertas personas ("Obey your master..." en el estribillo vale por tres mil palabras más).

"The Thing That Should Not Be" es un tema que raspa por su aspereza, dificil de digerir hasta para los más habituados a escuchar thrash, extendiéndose hasta casi seis minutos y medio de duración.

"Welcome Home (Sanitarium)" sigue la tradición de lentos densos iniciada con "Fade to black", perteneciente a su álbum "Ride The Lightning". Es un tema tranquilo que invita a apreciar melodías tristes,y al llegar a tres cuartas partes del tema la cosa cambia con un acelere thrasher que invita al pogo y destruir tu habitación.

"Disposable Heroes" es una oda a la velocidad, con Hammett disparando riffs en el "bridge" del tema. Al llegar a "Leper Messiah" la banda baja las revoluciones sin sacrificar densidad.

Uno de los puntos más altos del álbum es el instrumental "Orion", una oda a la densidad y a la tristeza, que llega a un matiz especial en el sólo de bajo de Cliff Burton, precedido por unas guitarras gemelas al mejor estilo Thin Lizzy.

El tema que cierra (violentamente) esta obra maestra es "Damage Inc.", una catarata de palazos, furia thrasher de la genuina, y guitarras furibundas.

Un disco fundamental del thrash... y un esencial del rock.

Calificación: 10/10

Review por Martín

ACCEPT "Restless & Wild” (1982, Heavy Metal)


Mi acercamiento a la música fue a comienzos de la década del ’80, con nueve años. Queen y Kiss eran las bandas de rock de moda, y la elección se había planteado: ¿Cual te gustaba? Asi que entre juguetes, estaban también mis primeros cassettes de Kiss.

Ya a los 12 o 13 decididamente estaba volcado a interesarme por más bandas, pero no fue hasta 1984, con catorce años, que comencé a comprar cassettes de diferentes artistas más allá de los arriba mencionados.

Me llamaban la atención todos los grupos con sonido duro, seguramente influenciado por el momento también: las radios, la TV, las revistas y hasta las discográficas le daban manija al rock, especialmente el pesado.

Y en el mundo pasaba algo similar, el heavy metal había alcanzado un momento de mucha difusión y popularidad como nunca antes.

Entre esos primeros cassettes, estaban “Metal Health” (Quiet Riot), “Piece Of Mind” (Iron Maiden), “Pyromanía (Def Leppard) y el cuarto lo recuerdo muy bien: “Balls To The Wall”, de Accept, unos alemanes casi desconocidos a no ser por el programa radial “Cuero Pesado”, emitido diariamente por la FM de Continental (si, lo que hoy es FM Hit).

Allí pasaban ese grupo, que me recordaba a unos AC/DC devenidos en metálicos, principalmente por el tono filoso de su cantante, Udo Dirkschneider.

“Balls To The Wall” los lanzó a la fama y de seguro es el mejor trabajo del quinteto, pero antes hubo un cuarto álbum que los dió a conocer en Europa y Japón y tímidamente en EE.UU.: “Restless & Wild”.

Si, increíblemente en Alemania se hacía heavy metal, y de una forma más pura y contundente que la de los Scorpions. Si estos fueron los adelantados de los ’70, los Accept encabezaron de alguna forma un movimiento alemán que hizo eclosión hacia fines de los ’80 y puede ser descripto como el actual metal teutón, en sus más variadas formas y vertientes.

A esta placa accedí en el invierno de 1985; era una copia en cassette de vinilo comprada en una disquería de Flores, “John Lennon”; años más tarde me llevé el cassette importado que aún conservo... suena como el primer día.

La apertura con un villancico navideño es solo un engaño... un sonido a púa de LP y los parlantes estallan: suena a mil por hora “Fast As A Shark”, cruda, potente y veloz como en mi vida había escuchado... ¿“Speed Metal” en 1982? si, inentendible para esos años.

El bajo de Peter Baltes banca todo y el baterista Stefan Kauffman es incansable, sosteniendo él álbum desde su doble bombo. Las guitarras gemelas de Hermann Frank y Wolf Hoffman brillan con luz propia, melódicas y agresivas en dosis equilibradas y justas; los riffs no están a la altura del compadre Michael Schenker (bien, eso sería imposible...) pero tampoco se quedan atrás.

Y la voz de Udo le da a el toque de salvajismo y fiereza faltante, completando el particular estilo de Accept. La única mancha es que no alcanzaban esos coros estilo militar tan característicos a partir de “Balls To The Wall”, y que no hacían más que incrementar la contundencia de su repertorio.

El conjunto hace heavy metal en “Restless & Wild” y “Flash Rockin’ Man”, pero también rockea en “Neon Nights” y “Get Ready”, y hasta se le anima a los pasajes lentos en el clásico “Princess Of The Dawn”.

La placa no cuenta con una gran producción, aunque si con un respetable sonido; y es la antesala directa de la evolución que vendría después (“Metal Heart”, “Russian Roulet” y el más cercano en la historia “Objection Overruled”).

Si se trata solo de heavy metal, caliente y al frente, elijan Accept sin dudarlo.

Y es fácil dejarse llevar por la maravilla de “Balls To The Wall”, aunque la sorpesa es su antecesor. “Restless & Wild”, ni más ni menos.

Calificación: 8/10

Review por Fernando

RAINBOW "Rising" (1976, Hard Rock)


Es inevitable: cuando se agotan los Cds de toda colección, cuando escuchamos una una y mil veces todo lo que tenemos, llega la pregunta... y ahora que? Explorar nuevas cosas; o no tan nuevas, pero sí novedades, al menos para uno.

Y la cosa “empeora”, porque se abren la mente y los oídos, no todo queda restringido al “heavy metal”, y se descubre un mundo infinito de buena música.

Y la lógica indica ir hacia atrás en el tiempo, y la sorpresa será mayor: estaba todo inventado, ya desde la década del ´60.

Esta introducción viene a cuenta a que Rainbow fue la primer “cosa nueva” que compré luego de completar toda la discografía de bandas que escuchaba desde los diez años. Llegó el CD y el dólar barato a Argentina en la decada del noventa (blasfemia? gracias Carlos Saúl igualmente), la disponibilidad del sueldo y a adquirir lo que faltaba.

Cuando ya nada quedaba, miles de álbumes me esperaban.... Y en 1994 elegí “Rising”, cuya compra en versión remasterizada de 1999 fue obligatoria.

En 1974, mientras Deep Purple transcurría las sesiones de grabacion de “Stormbringer”, la tirantez entre el guitarrista Ritchie Blackmore y el resto del grupo llegaba a su punto límite. Y no pasó mucho tiempo hasta alejarse de la banda para hacer lo que en ella no podía. Llamó a su proyecto “Ritchie Blackmore's Rainbow” (más tarde Rainbow a secas) y editó su primer álbum en 1975, con una serie de sesionistas y una sola estrella: el cantante Ronnie James Dio.

Pero para salir de gira, armo un combo a la altura de las circustancias: convocó al bajista Jimmy Bain, al baterista Cozy Powell (lanzado a la fama con el Jeff Beck Group) y al desconocido tecladista Tony Carey.

Y con ellos grabó en 1976 “Rising”, seguramente el punto más alto compositiva y musicalmente alcanzado por Blackmore, superior incluso a sus años mozos con Purple.

Desde el enigmático comienzo con “Tarot Woman”, la placa es solo media hora de un nuevo hard rock melódico y crudo, épico y portentoso. Y no es aventurado decir que sentó las bases de generos futuros (power metal y derivados, entiendáse en cuanto al aire neoclásico, no a la velocidad y fría atmósfera).

Asi es, antes que suecos pirótecnicos y magos con espadas, un cabrón del encordado y un pequeño gigante lo hicieron todo en un par de álbumes, y “Rising” fue el climax.

Con una base densa y precisa, un Blackmore técnicamente indiscutible pero agregándole a lo suyo sentimiento, y Dio, que se daba a conocer al gran mundo imprimiendole a las canciones garra y suavidad, emoción y tormento como sólo los elegidos pueden hacerlo.

Y confirmando una máxima: banda por la que pasaba, se elevaba a niveles de calidad infinitos.

Es lógico suponer que un trabajo histórico no sólo puede sustentarse en un buen desempeño de los músicos: También debe contener buenos temas.

Y aquí los hay, pocos (solo seis) pero con creces. Gemas como la ya mencionada apertura, “Run With The Wolf”, “Starstruck” y “Light In Black” contribuyen a que el álbum se disfrute como nunca, sin contar el momento más estremecedor: “Stargazer”, el ejemplo más valedero de como hacer rock con tonos clásicos y épicos, con Blackmore y Dio a pleno y también Carey, que descolla solo aquí, pero soberbiamente.

El tiempo siguió, Dio fue a Sabbath y aún hoy sigue dando cátedra; Blackmore luego de muchas idas y vueltas con Rainbow y Purple, está perdido en la incertidumbre de una carrera irreconocible. Y Cozy ya no está.

Pero dejaron “Rising”. Y sobró...

Calificación: 10/10

Review por Fernando

UFO "STRANGERS IN THE NIGHT" (1979, Hard Rock)

Mi acercamiento a UFO fue tardío pero seguro. Un amigo mío (EDIT: Quién ahora también escribe aquí) a fines de los noventas tuvo una suerte de fiebre en comprarse bandas de hard rock británicas de los 70’s (Thin Lizzy, Uriah Heep y Nazareth entre otras). Para mí cumpleaños número 27 (25 de Febrero de 1999) me regaló una cinta grabada con este álbum, entre otras cintas que me regaló. A partir de eso, salí corriendo a comprarme este CD y todos los albumes que pude de ellos.

Luego de grabar “Obsession”, esta mítica banda inglesa giró teloneando a Blue Oyster Cult en los Estados Unidos. Grabado en los shows que la banda dio en “Amphitheatre” (Chicago) y “The Gardens” (Louisville), y producido por el prócer Ron Nevison junto a Mike Clink, “Strangers In The Night” es uno de los discos en vivo fundamentales del Hard Rock.

Suena muy genuino y auténtico, al nivel de “Alive!” (Kiss), “All The World’s A Stage” (Rush), y el colosal “If You Want Blood... You’ve Got It” del que ya hable abajo.

Lo más destacable en “Strangers In The Night” es que el set list es un clásico tras otro. Luego de que el presentador del show introduce a la banda, Schenker arremete con ese riff mortal que da inicio a “Natural Thing” (Uno de mis temas preferidos de Mogg y Cía).

Del último album de estudio “Obsession” (Y último con la primera etapa de Schenker en la banda) sólo se incluye “Only You Can Rock Me” en una demoledora versión, el resto de la selección de temas toma lo mejor de álbumes como “Phenomenon”, “Force It”, “No Heavy Pettin’” y “Lights Out”. Nada se incluye de la etapa más psicodélica, aquella de los primerísimos álbumes.

Uno en vez de comprarse un “Grandes éxitos de UFO” tranquilamente podría optar por este disco, que es efectivamente un “Greatest Hits Live” encubierto. Phil Mogg canta impecablemente, con esa voz característica que tiene, media blusera y grave. Pete Way demuestra porque influenció a tantos bajistas que aparecieron posteriormente (Steve Harris lo admite publicamente), con unas armonías de bajo formidables.

Paul Raymond alterna su guitarra rítmica con los pasajes de teclado de una forma admirable... Andy Parker secunda a Way con su batería componiendo el cimiento en que se basa la banda. Queda un integrante por destacar, pero es el único que brilla como un astro...

Para mí en esta placa se ve al mejor, genial e inigualable Michael Schenker. Inspiradísimo como ejecutante, tira unos riffs muy rockeros, pero su fuerte son los solos: tienen un feeling único, con un gran sentido de la melodía, sus solos siguen una línea durante toda su ejecución. Es uno de mis guitarristas preferidos de todos los tiempos.

“Doctor Doctor” es el primer tema que sacude al oyente más de lo debido, sonando con mucha electricidad y polenta, multiplicandose en vivo su potencia (15 años después, el Iron Maiden de la época Blaze Bailey haría un excelente cover de este clásico).

En “Mother Mary” y “This Kids” hay cierto aire “Zeppeliniano”. En el segundo, las guitarras se cruzan majestuosamente con los teclados de Raymond, siendo el final del tema con la banda “A pleno Boogie”, con Schenker nuevamente dando cátedra en los solos, y Way/Raymond haciendo una base rítmica mortal.

“Love To Love” baja las revoluciones tremendamente. Es una balada hermosísima, siendo mi tema favorito de toda la historia de UFO. Mogg se canta todo, Raymond tiene su mejor momento con los teclados ya que el tema dá para que se destaque el especialmente por la sobreabundancia de pasajes para él.

Si bien es una composición extensa que roza los ocho minutos, no aburre en absoluto: tiene un dejo de nostalgia hermoso que flota durante todo ese lapso de tiempo.

La trilogía de tracks “Lights Out”, “Rock Bottom”, “Too Hot To Handle” es la más electrizante del show. La banda se desata con un hard rock vibrante, ardiente y melódico, signo distintivo de UFO. como ícono del hard rock.

Este clásico en vivo se cierra con otro terceto (y van...) de aquellos “I’m A Loser”, “Let It Roll” y “Shoot Shoot”. La primera es otro tema con reminiscencias nostálgicas (También con ese titulo que querían...), y las otras dos son cátedra de rock duro en vivo.

Para quienes no escucharon UFO , sin dudas este es el punto de partida para descubrirlos. Como fue para mí hace 6 años. Su punto más alto como banda para muchos entendidos.

De no haber existido U.F.O. no hubieran existido Iron Maiden, Def Leppard y otras tantas agrupaciones... Gracias Mogg/Way/Schenker/Parker/Raymond.

Calificación: 9/10

Review por Martín

AC/DC "IF YOU WANT BLOOD... YOU'VE GOT IT"




Mi verdadero amor y devoción por AC/DC empezó tarde. Si bien los muchachos siempre me cayeron simpáticos, nunca me había picado el bichito de comprarme su discografía en masa. De adolescente me compré “Who Made Who” en cassete nacional, y años después - en plena luna de miel con los CD’s durante inicio de los noventas- ya tenía adquirido y en mi discoteca “Back In Black”. Pero nunca me había tentado en probar con otros discos, que sobran en la discografía de estos ñatos.

Allá por el año 2000 Atlantic lanzó casi toda la discografía de los australianos/escoceces con una característica muy interesante: CD con formato de vinilo, tapa de cartón con sobre interno incluyendo letras. Un día en el Musimundo de Caballito me compré este álbum.

Luego de escucharlo, corrí a comprarme TODA la discografía de AC/DC.

Grabado en el Apollo Theatre de Glasgow (Escocia) en 1978, el disco muestra a Angus & Cía como una de-mo-le-do-ra banda de rock en las tablas. La primera vez que lo escuché me partió la cabeza: atrás quedaban “Stangers in the night” de UFO, “Alive And Dangerous” de Thin Lizzy, “Open Fire: Live” de Y&T, y los dos primeros “Alive” de Kiss.

Considero a “If You Want Blood...” como el mejor disco de hard rock en vivo de toda la historia.

“Riff Raff” abre el show con Angus calentando motores dandole maza a su Gibson, junto a Malcolm disparan electricidad pura. El sonido del álbum es 100% en vivo, Ge-nui-no, no hay overdubs (sobregrabaciones).

Se sucede un clásico tras otro, con un inspiradísimo Bon Scott cantando como solía hacerlo: con esa gracia y carisma tan personal, cual blusero atorrantón desgranando sus letras. “Hell Ain’t A Bad Place To Be” es perfecto, ensambladísimo e invita al “headbanging” eterno.

“Bad Boy Boogie” sigue con el “voltaje alto” del show, el cual no decae siquiera con el solo de Angus en el medio del tema.

“The Jack” baja las revoluciones gracias a su estilo boogie atorrantón, Bon hace cantar a la audiencia y uno se siente teletransportado a Escocia mientras el público corea “...She’s Got The Jack... Jack, Jack....”.

La adrenalina llega a su cenit en “Problem Child”, los riffs rítmicos de Malcolm siguen taladrando tímpanos, los solos de Angus y la voz de Bon se cuelan haciendo estragos entre la titánica sección rítmica que conforman Phil Rudd en la batería y Cliff Williams en el bajo (La mejor de todo el rock, a mi entender).

La audiencia vuelve a corear de lo lindo en “Whole Lotta Rosie” vivando al enano poseído entre los silencios que deja el riff de inicio.

La celebración al rock en su estado más eléctrico y genuino sigue con “High Voltage” (También con el título del tema...), y “Rock And Roll Damnation”. Este baño de sangre hecho vinilo/cassette/CD termina con dos bombazos: “Let There Be Rock” y “Rocker”. (¡Mejores títulos, imposible!)

AC/DC iba en franco ascenso luego de ese gran álbum de estudio titulado “Powerage” (Subestimado por algunos fans Acedesianos). “If You Want Blood....” los muestra en uno de sus mejores momentos, con una performance que deja exhausto al oyente, que entiende el porqué del título del álbum (“Si quieres sangre... aquí la tienes”).

No se puede pasar por alto este álbum si te gusta el rock and roll en vivo. Sin vueltas

Y el arte de tapa... resume perfectamente el espíritu del álbum.

Calificación: 10/10

Review por Martín